Te asomas a una ventana... tus ojos se adaptan despacio al cambio de intensidad... ante ti un paraje va dibujándose, poco a poco... conforme tus ojos se van acostumbrando, empiezas a vislumbrar los árboles a lo lejos... delante de ellos una extensa llanura se mece al ritmo del viento... tus ojos empiezan a apreciar los colores, las texturas, la obra perfecta... en la llanura miles de flores recrean toda la tonalidad cromática... los árboles eran ciruelos, ahora descubres que están en flor, y sus pétalos caen como copos de nieve... al fondo, el sol comienza a desaparecer, ocultándose tras los picos aún nevados... el momento es irrepetible, un momento con tanta belleza que tu memoria será incapaz de recordar para siempre... coges tu cámara, prodigio de la memoria visual, y guardas ese instante para siempre...

jueves, 28 de marzo de 2013

Cambio de turno


No ha amanecido, 
y el faro aún sigue trabajando. 
Son sus últimos giros, 
esperando a que el Sol lo releve.
Mientras espera, 
el astro anuncia su llegada, 
impregnando el cielo de rojos y naranjas, 
en una magistral anunciación.

En unos segundos, 
se produce el cambio de turno, 
rápido, sin hacer ruido, 
una mañana más; como todas.


Barca beige

Un reflejo se repite una y mil veces,
como si estuviéramos dentro de un caleidoscopio...
cada oleaje nos devuelve una realidad
desde cientos de puntos de vista diferente.


Amanece en Raos


Los naranjas inundan la realidad matinal,
todo se tiñe de un color cálido, agradable.
El frío que entumece los dedos,
se duerme dejando paso a un calor que reconforta.


Escaleras mar adentro (I, II, III y IV)


Escaleras que se internan hacia las profundidades, 
más allá de donde los ojos permiten ver. 
Se desvanecen, se confunden.
Acercan a los pescadores a los botes 
que usarán para acercarse a sus barcos, 
y a devolverlos otra vez a tierra firme.

Si bien parecen encerrar cierto misterio, 
nada comparado con los que la mar 
guarda recelosa de una y mil batallas.





Barca verde


Se levanta un nuevo sol, 
y sus jóvenes rayos 
acarician viejas maderas, 
antiguos metales.
Reflejos verdes 
sobre mares azules, 
reflejos azules, 
sobre una barca verde.


Mismo escenario, diferente obra



Existen lugares que aunque los visitemos todos los días de nuestra vida, 
parece que siempre los descubrimos por primera vez.
El Sardinero, una y otra vez, me sorprende con sus colores, 
con sus caprichosas nubes, con su armónico oleaje...
Me asomé a él miles de veces y 
miles de veces me sorprendió.
Recuerda a aquellos vetustos teatros en los que, 
en un mismo escenario, 
se han representado infinitud de diferentes obras.



martes, 5 de febrero de 2013

Impasible



Los días que el mar se enfada con la costa,
ciertas zonas son vetadas por razones lógicas.
Si bien, siempre hay alguien, 
que salta la frontera e invade los terrenos otrora seguros.

Ese simple gesto parece alentar a los que hasta entonces se habían mantenido cautos,
a rebasar lo fiable, a acariciar lo prohibido; 
como si por ser varios los imprudentes, 
la posible desgracia perdiera fuerza.

Miran directamente a una fuerza que los sobrepasa,
a una fuerza con la que no pueden medirse; 
una fuerza que llegado el momento, 
no dará segundas oportunidades.


Una vida juntos


En lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad... 

La pareja mira la rompiente, 
pareciendo recordar las ya incontables tempestades por las que juntos han navegado. 
Momentos que luchan por recordar entremezclados con los que han precisado del olvido. 
Pero asidos del brazo, sabiendo que juntos pueden más que en solitario, 
miran de tú a tú los avatares de una vida que aún no ha terminado, 
que seguirá poniendo a prueba su amor, el que se juraron ya hace años... 

y amarte y respetarte, todos los días de mi vida. 




domingo, 3 de febrero de 2013

Absorto en sus pensamientos


Absorto en sus pensamientos camina. 
Ajeno a la belleza del momento, a lo irrepetible de cada instante, 
al poder acechante del Cantábrico, a los numerosos ojos que contemplan la escena... 
sólo importan sus reflexiones, 
tan sustanciales son como para ensimismarse alejado de un mar que reclama atención. 


sábado, 2 de febrero de 2013



La naturaleza nos envolvía hace miles de años. 
Formábamos parte de ella, y sin ella no éramos nada. 
Con el tiempo, hemos ido alejándonos cada vez más y más. 
Pasamos días sin verla, rodeados de asfalto, de vidrio, de hormigón, de coches, de ladrillos... 
Pero cuando nos topamos con su grandeza, nos atrapa. 
Nos quedamos obnubilados ante su poder, ante su belleza.. 
Nos absorbe sus dimensiones, su sonido, su olor. 
No hablamos, simplemente observamos... 
parece como si nuestro "yo" más primigenio entablase una conversación muda con ella. 
Se sienten, se tocan, se reconocen... 
como cuando nuestra relación con ella era de admiración y respeto.