Te asomas a una ventana... tus ojos se adaptan despacio al cambio de intensidad... ante ti un paraje va dibujándose, poco a poco... conforme tus ojos se van acostumbrando, empiezas a vislumbrar los árboles a lo lejos... delante de ellos una extensa llanura se mece al ritmo del viento... tus ojos empiezan a apreciar los colores, las texturas, la obra perfecta... en la llanura miles de flores recrean toda la tonalidad cromática... los árboles eran ciruelos, ahora descubres que están en flor, y sus pétalos caen como copos de nieve... al fondo, el sol comienza a desaparecer, ocultándose tras los picos aún nevados... el momento es irrepetible, un momento con tanta belleza que tu memoria será incapaz de recordar para siempre... coges tu cámara, prodigio de la memoria visual, y guardas ese instante para siempre...

sábado, 2 de febrero de 2013



La naturaleza nos envolvía hace miles de años. 
Formábamos parte de ella, y sin ella no éramos nada. 
Con el tiempo, hemos ido alejándonos cada vez más y más. 
Pasamos días sin verla, rodeados de asfalto, de vidrio, de hormigón, de coches, de ladrillos... 
Pero cuando nos topamos con su grandeza, nos atrapa. 
Nos quedamos obnubilados ante su poder, ante su belleza.. 
Nos absorbe sus dimensiones, su sonido, su olor. 
No hablamos, simplemente observamos... 
parece como si nuestro "yo" más primigenio entablase una conversación muda con ella. 
Se sienten, se tocan, se reconocen... 
como cuando nuestra relación con ella era de admiración y respeto. 


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