Te asomas a una ventana... tus ojos se adaptan despacio al cambio de intensidad... ante ti un paraje va dibujándose, poco a poco... conforme tus ojos se van acostumbrando, empiezas a vislumbrar los árboles a lo lejos... delante de ellos una extensa llanura se mece al ritmo del viento... tus ojos empiezan a apreciar los colores, las texturas, la obra perfecta... en la llanura miles de flores recrean toda la tonalidad cromática... los árboles eran ciruelos, ahora descubres que están en flor, y sus pétalos caen como copos de nieve... al fondo, el sol comienza a desaparecer, ocultándose tras los picos aún nevados... el momento es irrepetible, un momento con tanta belleza que tu memoria será incapaz de recordar para siempre... coges tu cámara, prodigio de la memoria visual, y guardas ese instante para siempre...

jueves, 28 de marzo de 2013

Mismo escenario, diferente obra



Existen lugares que aunque los visitemos todos los días de nuestra vida, 
parece que siempre los descubrimos por primera vez.
El Sardinero, una y otra vez, me sorprende con sus colores, 
con sus caprichosas nubes, con su armónico oleaje...
Me asomé a él miles de veces y 
miles de veces me sorprendió.
Recuerda a aquellos vetustos teatros en los que, 
en un mismo escenario, 
se han representado infinitud de diferentes obras.



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