Los días que el mar se enfada con la costa,
ciertas zonas son vetadas por razones lógicas.
Si bien, siempre hay alguien,
que salta la frontera e invade los terrenos otrora seguros.
Ese simple gesto parece alentar a los que hasta entonces se habían mantenido cautos,
a rebasar lo fiable, a acariciar lo prohibido;
como si por ser varios los imprudentes,
la posible desgracia perdiera fuerza.
Miran directamente a una fuerza que los sobrepasa,
a una fuerza con la que no pueden medirse;
una fuerza que llegado el momento,
no dará segundas oportunidades.

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