Contrasta la vitalidad bulliciosa que presenta la playa de Los Peligros en verano,
con esa misma orilla en invierno.
En esta época, la arena se transforma en lugar de reflexión, de disfrute individual, de observatorio para el deleite santanderino.
Un pescador frente a una apuesta personal del Creador,
que dedicó a conformarla parte de su tiempo, hace ya cientos de miles de millones de años.
Haya o no captura, el pescador llegará hoy a su casa sonriendo.

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