El alma enamorada busca nuevas formas de expresar su sentimiento.
Dos almas anhelantes entre sí, sellan su amor eterno con un candado custodiado por el mar Cantábrico.
Este, ayudado por el salitre que inunda todos sus dominios,
se encargará de romper la promesa atemporal, día a día, sin prisa...
quizá porque es sabedor de que la victoria final es suya.

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