El Sardinero es hermoso,
y presume de ello.
Todas las mañanas se asoma a sus aguas
para verse reflejado en ellas.
Se mira, se acicala las nubes, acompasa las olas,
peina su arena, se maquilla los brillos...
Se enamora de las mozucas
que pasean por sus doradas orillas,
y ellas de él.
El Sardinero es hermoso,
y presume de ello.

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