El mar nos acompaña en nuestros descansos,
es confidente en pensativos paseos,
es elegido por los más pequeños para saltar sobre él,
los surfistas se deslizan por las laderas de sus olas,
es medio de vida para los marineros,
indivisble pareja de una bahía como la santanderina...
A veces se nos olvida que ese mar que tanto nos da,
que nos mira casi siempre apacible,
Oculta en su interior un poder incontrolable,
devastador.
En días como estos,
en los que muestra su otra cara,
en los que alardea de poder,
conviene retener en nuestra mente,
que es una dama a la que debemos amar
y también, una viuda a la que temer.

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