Te asomas a una ventana... tus ojos se adaptan despacio al cambio de intensidad... ante ti un paraje va dibujándose, poco a poco... conforme tus ojos se van acostumbrando, empiezas a vislumbrar los árboles a lo lejos... delante de ellos una extensa llanura se mece al ritmo del viento... tus ojos empiezan a apreciar los colores, las texturas, la obra perfecta... en la llanura miles de flores recrean toda la tonalidad cromática... los árboles eran ciruelos, ahora descubres que están en flor, y sus pétalos caen como copos de nieve... al fondo, el sol comienza a desaparecer, ocultándose tras los picos aún nevados... el momento es irrepetible, un momento con tanta belleza que tu memoria será incapaz de recordar para siempre... coges tu cámara, prodigio de la memoria visual, y guardas ese instante para siempre...

miércoles, 30 de enero de 2013

Leyendo



Quien disfruta de la lectura,
sabe que el lugar elegido para perderse entre las letras
influye en la experiencia.

No es lo mismo leer bajo la sombra de un cerezo florecido en primavera,
que un atardecer de verano junto a un jazmín que premia nuestro olfato.
Ni lo es tampoco hacerlo junto a una ventana en un día lluvioso de otoño, 
que al calor de un hogar crepitante en un nevado invierno.

El lugar matiza la lectura.

Quizá la protagonista de esta historia,
se sumerge en versos de José Hierro,
haciéndolos más rítmicos la cadencia métrica del oleaje...
O quizá viaja junto a Barbanegra,
mientras las olas azotan una y otra vez 
el casco dolorido de su "Queen Anne's Revenge"...

Nosotros nos alejamos, sin querer romper su momento...
evocando los mil y un recuerdos, que ciertas lecturas
grabaron en nuestra memoria.


No hay comentarios:

Publicar un comentario