Quien disfruta de la lectura,
sabe que el lugar elegido para perderse entre las letras
influye en la experiencia.
No es lo mismo leer bajo la sombra de un cerezo florecido en primavera,
que un atardecer de verano junto a un jazmín que premia nuestro olfato.
Ni lo es tampoco hacerlo junto a una ventana en un día lluvioso de otoño,
que al calor de un hogar crepitante en un nevado invierno.
El lugar matiza la lectura.
Quizá la protagonista de esta historia,
se sumerge en versos de José Hierro,
haciéndolos más rítmicos la cadencia métrica del oleaje...
O quizá viaja junto a Barbanegra,
mientras las olas azotan una y otra vez
el casco dolorido de su "Queen Anne's Revenge"...
Nosotros nos alejamos, sin querer romper su momento...
evocando los mil y un recuerdos, que ciertas lecturas
grabaron en nuestra memoria.

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