Te asomas a una ventana... tus ojos se adaptan despacio al cambio de intensidad... ante ti un paraje va dibujándose, poco a poco... conforme tus ojos se van acostumbrando, empiezas a vislumbrar los árboles a lo lejos... delante de ellos una extensa llanura se mece al ritmo del viento... tus ojos empiezan a apreciar los colores, las texturas, la obra perfecta... en la llanura miles de flores recrean toda la tonalidad cromática... los árboles eran ciruelos, ahora descubres que están en flor, y sus pétalos caen como copos de nieve... al fondo, el sol comienza a desaparecer, ocultándose tras los picos aún nevados... el momento es irrepetible, un momento con tanta belleza que tu memoria será incapaz de recordar para siempre... coges tu cámara, prodigio de la memoria visual, y guardas ese instante para siempre...

miércoles, 23 de enero de 2013

Abordaje en El Camello


Huele a mar, suena a mar. 
Como si de un acoso y derribo se tratara, 
embestida tras embestida, 
el mar arroja toda su bravura contra el paseo. 
Huele a mar, suena a mar. 
A cada empuje, sangre en forma de espuma blanca, 
salpica, mancha. 
Huele a mar, suena a mar. 
Como un reportero de batallas naturales, 
retrocedo tras cada intento de abordaje, 
buscando cobijo que me proteja de la sangría espumosa. 
Huele a mar, suena a mar... sabe a fuerza incontrolable. 


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