Te asomas a una ventana... tus ojos se adaptan despacio al cambio de intensidad... ante ti un paraje va dibujándose, poco a poco... conforme tus ojos se van acostumbrando, empiezas a vislumbrar los árboles a lo lejos... delante de ellos una extensa llanura se mece al ritmo del viento... tus ojos empiezan a apreciar los colores, las texturas, la obra perfecta... en la llanura miles de flores recrean toda la tonalidad cromática... los árboles eran ciruelos, ahora descubres que están en flor, y sus pétalos caen como copos de nieve... al fondo, el sol comienza a desaparecer, ocultándose tras los picos aún nevados... el momento es irrepetible, un momento con tanta belleza que tu memoria será incapaz de recordar para siempre... coges tu cámara, prodigio de la memoria visual, y guardas ese instante para siempre...

lunes, 14 de enero de 2013

Sombras en la Primera de El Sardinero



Santander es una ciudad hecha a sí misma. En dos ocasiones quedó prácticamente destruida, una tras la explosión del vapor "Cabo Machichaco" en 1893 y una segunda vez con el incendio que calcinó media ciudad en 1941 ayudado por el viento sur. Pero por nuestra orografía y clima, los cántabros somos gentes acostumbradas a bregar. Reconstruimos la ciudad una vez más, ganando terreno como otras tantas veces, puesto que gran parte del paseo marítimo santanderino es robado al mar. 

La escena que os dejo hoy es precisamente de esa parte que aún vuela sobre la bahía, visitable sólo cuando el mar se retira a descansar para otra acometida, en su baile sin fin. Los soportales que sustentan una vida dura, empapada pero feliz de unos santanderinos hechos a sí mismos contra vientos y marea. 


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