Atrás quedan los días en los que hombres y mujeres endurecían sus manos y vidas en el campo.
Pocos son ya los que salen azada al hombro a sorrapear la tierra;
y los que salen peinan más canas que cabellos de color.
Aún hoy pueden verse, en cuadras y graneros, aquellos útiles olvidados,
oxidados por el desuso, apilados, arrinconados.
Ellos también, llegado un tiempo, se jubilan; cuando sus dueños los cambian por cachabas.

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